Aguamala o Medusa, mi alter ego malvado

Aguamala, Columnas

 

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Acrílico sobre satín, recorte de tela y costura, una pieza de Cecilia León

 

La noche de mi cumpleaños, el veinte de abril de 2010, di a luz a mi alter ego malvado.

Aguamala o Medusa me ha acontecido ya que me sucedió entonces y me sucede ahora. Nació de mí, no como nacen los niños sino como nacen las flores, se ha desprendido de mi centro sin que me diera cuenta. Desde que ingenuamente decidí que iba a escribir un blog para organizar mi escritura, Aguamala ha ido saliéndose poco a poco de control y actualmente es ingobernable y autónoma. Sólo, de pronto, me sucede, como sucedieron un día los derrumbes y las montañas, como acontece la poesía o acontecen las epidemias, ella me pasó y se transformó con el curso de los años, en una forma de mirar el mundo desde el abismo.

Aguamala nada o escribe sobre el mar, el futbol, la muerte, el morbo. Ella nada o escribe de fantasmas, del Universo, de la profundidad de los muros profanados, de la belleza abisal de las caídas, de la brisa infinita que mueve el deseo, del dolor, del mal, de las doradas playas mexicanas, del sinsentido de las cosas, de lo rojas que pueden ser las noches, de una fuente y una estatua, de la crueldad, de microbuses y de luces, del centro de la tristeza, de las ciudades, habla de Adriano, de dioses desmembrados, nade dentro del mal de ojo, nada dentro de Ulises y su amor de héroe trágico. Sobre esto y sobre la relación que hay entre las cosas y sus nombres. Los laxos y autoimpuestos criterios editoriales le han permitido nadar entre las palabras y las piernas que nos gustan.

Aguamala o Medusa es un cardumen de textos fluorescentes, uróboros entre la que vive y la que escribe. Ser de membranas transparentes. Me gustan las medusas porque se pierden en la luz y porque brillan en la obscuridad, me gustan porque ahí, en esta sencillez de ciliado simple, de criatura modesta, de sistema concreto, poseen una cadencia hipnótica, por eso y porque cuando rozan la piel de los bañistas dejan una sensación de electroshock.

Criatura ponzoñosa, eléctrico bolso de mar. Algunos científicos japoneses se han dado cuenta que después del trauma de la muerte, algunas especies de medusas pueden regenerarse, multiplicándose. No como un zombi, no. Desde la tumba de arena no resurge una aguamala, sino muchas, vivitas y coleando. La muerte como una espora de vida hace que surjan muchas más. Y esto pasa aquí, una se muere, una se ha muerto y brotan letras del cementerio marino, monstruos, peces y aguamalas de este cuerpo abyecto.

Acrílico sobre satín, recorte de tela y costura.

Acrílico sobre satín, recorte de tela y costura. Una pieza de Cecilia León.

Aguamala o medusa es mi síntoma, no sabría decir si es mi alter más cínico o más sensible o ambos; sólo de vez en cuando, la medusa me ocurre desde el astrolabio de la soledad y con la actividad que la pone en evidencia: la escritura.

La Medusa está sola, es lo que hay de ella después de su belleza, arrebatada por la celosa diosa de la Sabiduría, castigada por ella y seducida o violada por un dios, el dios del mar, Poseidón; horrorizada de sí misma, Medusa buscó el autoexilio. Yo busco en la Medusa, que protege del mal, un ecosistema de palabras transparentes, como ellas, como las aguamalas o medusas. Palabras que se muevan con soltura, que indaguen qué son y qué hacen aquí. Que busquen en lo profundo aunque mueran, aunque vivan solas sin ser vistas en la obscuridad del mundo, en la obscuridad de sus océanos y sus redes de código informático. Pero eso es sólo una aspiración.

Aguamala se proyecta en una publicación que funciona como un anecdotario fantástico, esto quiere decir que no hay rigor en la forma y todo lo que decimos es mentira en una dimensión y verdad en otras. De incendio a fuego fatuo deviene la explosión. Hay algunos que ya han salido quemados del agua.

Todo lo que acontece en este blog ha muerto para ir al fondo del océano y convertirse en Aguamala. Los hombres de la vida en Aguamala se han vuelto fantasmas, las amigas memoria, las escuelas secuelas, los trabajos andamios, las revelaciones Universo, las ciudades desiertos, el desierto océano.

En Aguamala hay microficciones y affair etimológico a conveniencia, historias de amor romántico cisgénero, diccionarios metafísicos, taxidermia post-etílica, meditaciones sobre las olas feministas, ensayo creativo y una pira de fuego para mis ex-novios.

Aguamala es una crónica entre barroca y pop y tiene la poca continuidad temática que pudiera tener un diario personal que se ha mudado de esa libreta de páginas rosadas y un corazón por candado a una barranca psicodélica, cañada de peces y de luces.

Ilustraciones de Cecilia León

 

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Aguamala o Medusa
Written by Aguamala o Medusa

Jessica Asai adora la Psicología Social, después de la investigación socia aplicada, se ha dedicado al emprendimiento, primero en la práctica salvaje y luego en la experimentación teórica, trabaja diseñando planes y programas en Innovación y Emprendimiento para la Coordinación de Innovación y Desarrollo de la UNAM; imparte clases y talleres en el Laboratorio de Innovación, su lugar feliz. Aguamala o medusa, es un blog y sale de ella, o viceversa

2 Comments
  1. […] de entrada por salida. No crean no soy una buena chica marista. Privilegiada y ñoña. Sin embargo, en mi ñoñez y en mi … La aventura importa en la vida porque se sale de ella. De eso se trata esa palabra y es lo que dice […]

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