Decisiones: ¿ser piloto o ser músico?

Columnas, Música, Resonancia

ser piloto o ser músico, Jorge Servin

Empecé a tocar la batería cuando estaba en la secundaria, aunque en un principio lo que yo realmente quería era tocar la guitarra eléctrica.

Mi propósito era unirme a la típica banda de metal de secundaria. Había varios que querían entrar y a alguien más le compraron la guitarra antes que a mí, dejando vacante el puesto de baterista. Por lo tanto  me dediqué a acosar a mis padres para que me compraran una batería. Finalmente lo hicieron y empecé a tomar clases con un adolescente dieciséis años. Fue así como comencé a descubrir de qué se trata esto de hacer música.

El final de la secundaria me sorprendió tocando covers  de rock en español en un bar de Metepec. En ese entonces yo sólo tenía quince años y cuando los inspectores de gobernación llegaban, los dueños del bar me avisaban para que me fuera a esconder al baño.  Afortunadamente contaba con el apoyo de mi familia. Mi papá me recogía de la escuela, me ayudaba a meter la batería al coche y me llevaba al bar para que tocara. Al principio se quedaba a escucharme, pero después entendió cómo era todo y sólo pasaba por mí.

Me acerqué al jazz porque me dijeron que los baterista de jazz “eran los más perros” y yo quería ser de los más perros.

Recuerdo haber ido al Mixup más cercano a buscar entre los discos de jazz. Encontré un disco de Chick Corea tocando con Dave Weckl.  Lo compré, llegué a mi casa y lo puse. Escuche un minuto y lo quité porque no entendía nada. Luego me fui a jugar Nintendo 64, pero en mi interior se quedó la inquietud de entender qué es lo que pasaba con esa música. Así que inevitablemente regresé a ese disco. Poco a poco, fui capaz de distinguir melodías y diferenciar los temas, por ejemplo. Aunque de los solos no entendía nada.

Sin embargo, seguí escuchando más discos y eso empezó a adentrarme en el género. Luego, hubo un taller de jazz en el Conservatorio pero no había maestro de batería. Para  mí era muy raro tener a un guitarrista o un bajista tratando de explicarme qué tenía que tocar en la batería, así que no duré mucho ahí.  Posteriormente quise tocar el piano y conocí a  Esteban Herrera.  En un principio me lo presentaron para que me diera clases, pero sólo fui a una. A pesar de eso, comencé a tocar con él en bodas y eventos varios. Durante dos años, todos los fines de semana tocamos estándares de jazz.

Yo acababa de terminar la preparatoria, lo que significaba dar una respuesta a la pregunta “ ¿qué vas a hacer con tu vida?”. Siempre bajo el acecho de las orientadoras vocacionales que quieren detalles sobre algo que no puedes ver, saber o a veces ni siquiera vislumbrar y que además puede resultar atemorizante. En mi caso, yo quería ser músico, pero no conocía a ningún músico que viviera sólo de eso. Por otro lado, mi papá es piloto y eso siempre me llamó la atención. Así que decidí estudiar aviación para “no morirme de hambre”.

ser piloto o ser músico

Empecé a estudiar en el aeropuerto de Toluca y todo iba bien. Me presenté a mis prácticas, cumplí mis horas  de vuelo y además seguí tocando. En ese tiempo conseguí un trabajo como músico acompañante de una artista pop. El trabajo implicaba salir de gira, tocar más constantemente y dinero. Esto hizo que hiciera una pausa en mis horas de vuelo y me hizo darme cuenta de que podía tener un trabajo siendo músico, aunque fuera en el inframundo del pop. En mi cabeza se había abierto una nueva posibilidad: atender llamados y tener un sustento.

Pronto se hizo evidente que mes con mes tocaba mucho pero no cumplía mis horas de vuelo. La aviación es una carrera cara y yo pensaba: ¿qué onda voy a hacer esta carrera cara y hacer gastar a mis padres en ella para no dedicarme a ser piloto?. Tuve que hacer una búsqueda profunda en mi ser y encontrar el valor necesario para hacérselo saber a mis padres. Lo cual, pese a su generosidad y apoyo no dejaba de ser una tarea difícil.

El momento crucial llegó cuando me di cuenta de que podía imaginarme siendo músico y admitiendo que había dejado la aviación, pero no siendo un piloto que hubiera abandonado la música.

Después conseguí otro trabajo “con un artista más grande” de pop y las condiciones de giras – hoteles, transportes y pagos- se volvieron mejores. Duré como tres años en ese empleo, pero en mi cabeza permaneció la idea de que quería tocar jazz.  Así que una vez más tuve que decidir: ¿seguir como acompañante de artistas pop o buscar lo que yo deseaba hacer?  Esto me llevó a reconocer que lo que yo deseaba realmente era hacer música y lograr ejecutar mi sentir a través de un tambor, de manera original y distintiva, no solamente copiar un disco equis noche tras noche. Mi voz interior parecía decirme “¿Te estás dedicando a la música por dinero? Mejor te hubieras dedicado a la aviación”.  Entonces decidí dejar los “huesos pop” y su seguridad económica. Decidí dejar atrás a la horrible “industria musical” de nuestro país y encontrar con quién podía hacer la música que me interesaba.

ser piloto o ser músico, Jorge Servin

Martin

A continuación hubo un periodo de austeridad económica que duró un par de años, antes de lograr cierta estabilidad. En el proceso empecé a tocar con gente como Aarón Cruz, ya que él había grabado su único disco propio con Hernán Hecht y con Mark Anderund pero ellos no podían tocar todas las fechas debido a sus complicadas agendas. Por lo tanto, Aarón nos invitó a Daniel Perri y a mí para tocar el piano la batería respectivamente. Paulatinamente empezaron a llamarme más personas para que tocara con ellas. Esto me sirvió como escuela para desarrollar mi forma de tocar.

Siento que mi acercamiento al instrumento no está definido por un estilo. No es que yo sienta que vengo del jazz y hablo un lenguaje puro y totalmente apegado a esa tradición. Más bien trato de ser creativo, de buscar nuevos sonidos y nuevos acercamientos a la música. Sobretodo trato de aportar algo a cada proyecto en el que participo; no solamente quiero ser el baterista, sino que trato de aportar algo único y personal.

Mis hábitos alrededor del instrumento han cambiado, cuando era más joven podía encerrarme a estudiar y tocar mucho. Ahora es diferente porque tengo más compromisos, sin embargo, mis actividades diarias- ensayos, clases y demás- me obligan a tocar. Los tiempos que tengo para dedicarme a sólo estudiar se han reducido, pero trato dedicarle un tiempo a mi instrumento, aunque sean quince minutos, pero tiene que ser tiempo mucho más enfocado.

Actualmente estoy tocando con la Orquesta Nacional de Jazz, XUC Trío, Esteban Herrera Trío, Chuck Project, Magnet Animals (cuyo álbum saldrá en marzo)  y  Martin, un proyecto  a dueto con Federico Sánchez. Además de los múltiples compromisos, fechas y experimentos que puedan surgir.

En retrospectiva estoy contento con mi decisión de dedicarme a la música. No siento ninguna frustración y  me emociona pensar que mi carrera musical da para mucho más. Ahora en particular, estoy súper feliz de que soy papá, es decir, de que puedo tener una familia y ser músico.

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Jorge Servin
Written by Jorge Servin

Jorge Servín es un baterista originario de la Ciudad de México cuyas habilidades abarcan un abanico de estilos y géneros. Actualmente toca con la Orquesta Nacional de Jazz, XUC Trío, Esteban Herrera Trío, Chuck Project, Magnet Animals y Martin. Además de los múltiples experimentos y sorpresas que puedan surgir. www.jorgeservin.com

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