Les Colocs o la vida en un departamento compartido en Montreal

Artículos, Viajes

Coloc – compañero de departamento.

En el buzón de nuestro departamento siempre llegan cartas de gente que ya no vive aquí, destinatarios desconocidos con nombres europeos, asiáticos, africanos, solicitados por empresas u oficinas del gobierno.

Así me entero que han vivido estudiantes de todas las universidades de Montreal salvo una y que alguien registró una empresa a esta dirección. A veces reconozco algunos de los nombres; solamente llevo un año aquí y ya soy uno de los veteranos, únicamente detrás de R, que lleva tres años. La historia de R no me es clara del todo; llegó a Montreal después del sismo de Haití en 2010, donde lo perdió todo. Es unos diez años mayor que yo y no sé por qué nunca se casó ni tuvo familia, o si alguna vez la tuvo. Pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su recámara, la más grande.

Llegué a Montreal hace un año para estudiar. Durante el verano pasé una residencia en un estudio de cuatro pisos construido por Ernest Cormier, considerado una de las primeras construcciones modernas de Quebec. Cuando comenzó mi doctorado, en otoño, pasé a vivir a un departamento de cinco recámaras. En Tijuana dejé mi casa, mi trabajo y mi entonces pareja.

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Aquí llegué a un departamento a dos cuadras de una estación del metro, lo cual es una bendición durante el invierno. La gente va y viene frecuentemente entre departamentos con tantos cuartos y colocs- un regionalismo en Quebec para referirse a colocataire, es decir, quien renta una misma vivienda con otras personas. Es un lugar por el que han pasado muchos habitantes, algunos por periodos muy breves de tiempo.  Mientras que para algunos la vida del coloc es pasajera, para otros se vuelve una estrategia permanente de supervivencia.

Incluso quien ha nacido y crecido toda su vida en Quebec difícilmente conoce esta faceta de Montreal: la de los desplazados, los volátiles, los que están ardiendo o simplemente no saben dónde están. No se trata solamente de migrantes. Los desplazamientos también son internos y cuando llegue el fin del mundo serán el único tipo de desplazamiento que habrá. Ya no podrás huir de tu país, de la misma manera en que algunos no pueden salir de departamentos como éste. Gente de África, Europa y América ha pasado por aquí, quién sabe cuántas personas o desde cuándo. Me pregunto si ha habido gente de Oceanía, tendré que revisar la correspondencia.

Creo que desde que R y yo estamos aquí no se quedaban más de dos colocs durante más de un año en el depa. Las cosas han ido cambiando. Hace poco llegó M, recién egresado de la Universidad de Montreal, que en sus conversaciones cambia con frecuencia del inglés al francés, con su inconfundible acento quebeco. A principios de año vino un chico mitad francés, mitad quebeco llamado V, quien al parecer proviene de una familia adinerada pero que quiere cambiar su forma de pensar y de vivir. El hecho de que vive en este nido de ratas -lo digo con cariño- y que al parecer no se piensa ir en un buen tiempo, demuestra que lo está intentando, aunque todavía le cuesta trabajo comprender su posición de privilegio con respecto a los demás.

Más o menos al mismo tiempo que V llegó, una chica de Benin cedió su cuarto a C, su hermano. Ambos eran muy cautelosos al socializar con los demás. De hecho cuando teníamos que cocinar simultáneamente siempre lo hacíamos en silencio, pero cuando C compró una televisión y contrató un servicio de cable las dinámicas sociales en el departamento cambiaron radicalmente. Antes, todos nos la pasábamos encerrados en su cuarto y sólo usábamos la sala para comer, pero comenzamos a reunirnos frente a la televisión y C se volvió más sociable. Qué ironía que la televisión, alguna vez considerada como un objeto enajenante, vino a reforzar los lazos sociales entre desconocidos que tienen que convivir todos los días.

Pongo música de Les Colocs para escribir este texto, antes de que la editora venga por mí hasta acá por no respetar la fecha de entrega. Les Colocs son la banda más importante de Quebec en lo que va de su corta historia; quizás Arcade Fire sea musicalmente más complejo y ambicioso, pero Les Colocs son un símbolo de la francofonía y el movimiento pro-soberano de Quebec a finales del siglo XX. Me pongo a pensar que Quebec es tan contradictoria como Les Colocs: una banda de ska-reggae en el Frío Gran Norte, compuesta de integrantes de Francia, Québec y Saskatchewan, pero que abogaba por la homogeneidad cultural. Ulrich Bauer, un profesor alemán, decía que el nacionalismo es el síntoma de una nación inmadura. Muchos teóricos venden la diversidad cultural como el rasgo “característico” de Canadá, pero olvidamos que las historias locales están llenas de contradicciones, algunas de ellas orgánicas, otras producto del anquilosamiento de procesos sociales del pasado.

Pienso en este departamento como una alegoría posible de la vida: solitarios y vagabundos juntos por azares de un mundo que cada vez va a estar peor. Como en El albergue español (2002, dir. Cédric Klapisch), navegamos entre distintas lenguas, orígenes y culturas tratando de mantener a flote este barco. El invierno viene pronto y los roedores siempre buscan cobijo en las entrañas de madera acolchadas por la calefacción.

El mundo es como este departamento lleno de colocs provenientes de cada esquina de la tierra y que la mayoría de las familias locales no conoce. El mundo es eso que pasa al lado de tu tienda de abarrotes, incluso en la puerta trasera, en los callejones que no aparecen en Google Street View, durante las horas de oficina y a las tres de la madrugada. Este lugar, tan alejado de las nociones de cobijo y chez soi, es mi hogar, el único hogar que he tenido, porque he descubierto que todos los hogares son iguales. El mundo es mi único refugio, las estrellas están muertas desde hace miles de años y sólo nos llega el resplandor de sus cadáveres. Tengo que aprender a hacer fuego en medio de la nieve y  quizás antes de eso, saber un poco más de la vida de R.

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Written by Aurelio Meza

Nació en D.F., radicó en Tijuana y actualmente estudia un doctorado en Montreal. Su obra poética incluye "Sakura" (2008),a droga (2010) y "Región México" (2013) y sus ensayos "Shuffle. Poesía sonora" (2011) y "Sobre vivir en Tijuana" (2015). Su blog es http://aureliomexa.wordpress.com

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