Los sueños como un lenguaje que nos conecta más allá del tiempo y el espacio

Afterpunk, Columnas
los sueños como un lenguaje

Source: Deviantart

Desperté por el ruido del teléfono, el maldito no dejaba de chillar.

Lo cogí y tardé en reaccionar, pensaba que era la alarma, pero tenía una llamada entrante. Vi el identificador, F. Era de mañana, las siete u ocho. F no solía telefonearme.

Yo en ese entonces vivía en la San Rafa, mi cuarto tenía un tapanco, y esa cualidad arquitectónica generaba la gracia de que pudiera olvidarme del mundo. Por la claraboya, también la tenía, podía admirar estrellas y cielo. A F la había conocido en un festival de poesía, y desde entonces quedábamos en algo: comer, beber un trago, pasear.

Antes de contestar la llamada me vino a la cabeza un recuerdo: la había soñado. Dije «bueno» y ella dijo «espero no haberte despertado, es que…». Hubo un par de segundos de silencio y de intriga. Yo lo rompí. Le dije «te vas a casar» más una retahíla de otras cosas que no vienen a cuento. Agregué al final «cómo sé esto». F quizá condescendiente dijo que porque yo la había inventado, que yo escribía su vida. No sé si porque estaba somnoliento o no tenía nada que decir, corté la llamada, antes le deseé buena suerte, mucha felicidad y hartos hijos.

No sé si antes o después de ese evento L también me llamó una mañana. La escena era casi calcada: tapanco, claraboya, somnolencia. L solo dijo «hola». Yo dije «te vas a casar, estás embarazada». Ella asintió, con su voz aniñada, como esperando el apapacho. No tuve que decir nada más, se adelantó a decir «tú siempre sabes todo de mí». La verdad es que no sabía cómo sabía lo que sabía, pero lo sabía. Luego, bueno, supongo que había arrancado la información del mundo de los sueños.

 

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No soy un profeta de casamientos, no todas las mujeres que conozco me hablan para avisarme que se decantaron por el matrimonio. A M, por ejemplo, le escribí para contarle un sueño donde convivían ella, un tipo, un automóvil rojo, una discusión, ambientes y hasta música, es decir, le conté una película. Tenía años sin ver a M, ni siquiera tenía su teléfono. M contestó, se tardó, semanas más tarde. Me citó. Comimos en un restaurante argentino. Me dijo que lo que yo le había escrito en el correo era exactamente su rompimiento. De alguna forma yo había sido testigo de su última discusión matrimonial, en ¡un sueño!

Hace días soñé a C. Pienso que C es un personaje recurrente en mis sueños. Soñarla es normal.

Hablo con Fátima y le cuento mis sueños. Le cuento en concreto el rasgo futurístico que contienen. Ella me dice que lo entiende, que también le pasa. Dice que tal vez es algo neuronal. Me gusta eso, los sueños como proceso neuronal.

Los sueños como lenguaje. Los sueños que no tienen límites físicos. Como soñadores somos brujos, místicos, científicos. Habitamos todos los momentos de la historia y cualquier rincón del espacio. Habitamos pasado, presente y futuro. En los sueños sí somos dioses; tal vez la condición onírica en realidad es nuestra verdadera naturaleza. Tal vez.

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Hace días soñé a C y cuando desperté me incorporé como si me impulsara un resorte y dije «se va a casar». Le di un trago a un vaso de agua, repetí «¿se va a casar?».

Supongo que hay una sustancia que es común a todas las personas. Esa sustancia contiene los saberes, deseos, decisiones, de la humanidad. Los sueños son una puerta de acceso a esa dimensión. Lo que pasa es si fuéramos conscientes de ello durante la vigilia es probable que simplemente nos convirtiéramos en unos seres sin esperanzas, sin futuro. Porque saber todo lo que ha hecho la humanidad debe ser tristísimo.

Ayer C en un mensaje me dijo que tenía «algo importante», pero que me contaría mañana (hoy). Mi sueño había sido un teaser, supongo. Estaba por saber algo que se había colado a mis sueños. La sustancia aquella de la que hablo tal vez exista. La memoria universal, humana, tal vez sea una posibilidad para acceder a los pensamientos del otro, de los otros, de todos.

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O tal vez haya una explicación más simple: dos personas se conectan, por medio de la convivencia, y reconocen tan bien el lenguaje del otro, que se anticipan a lo que van a decir. Bueno, tampoco es tan simple, de hecho, suena igual de complicado que la sustancia.

 

Hoy desperté, esperé un rato a despertar más, como todos, yo despierto gradualmente. Cogí el móvil, antes bebí café y agua. Marqué, saludé, dijimos varias cosas, C dijo entonces «me voy a casar». Ella no lo vio, pero se dibujó una sonrisa ligera en mi rostro, también pensé que debería de soñar el número de la lotería o la cura contra alguna malvada enfermedad, o cualquier cosa que me beneficiara de algún modo. Por enésima vez, mis sueños hicieron blanco.

O a lo mejor sigo dormido, no he despertado, todo esto de dedicarme a la escritura, no he escrito una sola línea, no he publicado libros, no tengo una columna aquí, ni escribo para La Jornada ni Yaconic ni Fang. En ese caso, escribir es un buen sueño y me gusta.
Ahí donde imperan los sueños, donde el tiempo no existe, está de nuestro lado.

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Khonde
Written by Khonde

Redactor y lingüista aficionado. Gusta del fernet-branca, la literatura y la buena comida. Actualmente escribe para Yaconic, La Jornada, Fang, Radio Zacatecas. Como investigador desarrolla un tema que ha dado por llamar Ingeniería de la escritura. Su signo zodiacal es leo, le gustan los zombies y escribirle cartas a Alicia.

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