Notas de una comediante I: que la risa nos salve a todos de todo

Notas de una comediante

Hace unos siete años que soy comediante de stand up comedy, estandopera, como suelen llamarnos.

La verdad es que no puedo quejarme porque he encontrado en esos escenarios, un espacio libre de censura donde he podido hablar de lo que más me da vueltas en la cabeza: yo misma.

A pesar de que el género está conquistando espacios rápidamente, aún resulta un misterio para la mayor parte público que no acaba de familiarizarse con esta forma de hacer reír.

Les cuento rápidamente que el stand up comedy es un subgénero o género menor de la comedia; primo hermano del cabaret y de la improvisación. Se preguntarán ¿qué tiene de especial?, bueno, básicamente, creo que se trata de una comedia basada en las ideas del que escribe, que es el mismo que actúa y quizá ahí es donde radica lo novedoso.

Estamos acostumbrados, sobre todo en México, a reírnos de situaciones, de cosas que pasan –como los chistes de Pepito, los sketches, o las series cómicas–, hemos reído hasta el cansancio de emociones que ponen en problemas a los protagonistas –como los monólogos cómicos o el teatro clásico de Comedia–; pero poco se ha experimentado la Comedia de ideas en donde, antes que otra cosa, el comediante observa la cotidianeidad más simple, se ubica como parte de ella y después toma una postura al respecto.

Tengo la teoría de que el stand up comedy está tomando tanta fuerza porque nos urgía, como sociedad, reírnos de nuestra realidad, de esa realidad que nos está asfixiando y que nos empuja al fracaso una y otra vez: al fracaso personal, laboral, colectivo.

El Stand up Comedy, para mí, es la apología del fracaso, la defensa testaruda de lo único que nos es conocido a todos. Me explico: el éxito siempre será definido por un otro que nos califica (otro concreto como nuestros padres, pareja, colegas o otro abstracto, como el Estado o la sociedad), pero el fracaso, aquello que nos duele y define, eso sí nos pertenece por completo: es personal e intransferible. Sin embargo, no importa cuán íntimo sea, todos sabemos qué se siente fracasar y eso genera un estado hipnótico de empatía en el que el espectador se ríe del comediante que se expone sin saber que en el fondo se está riendo de sí mismo.

Y reírnos de nosotros mismos es probablemente uno de los actos de amor propio que podemos ejercer en libertad, sin culpa, sin que se nos acuse de egoístas, megalómanos o sociópatas.

Una de las máximas aportaciones de las artes escénicas es la comedia porque la comedia construye un espacio para reír y reír construye un silencio de paz donde nos podemos refugiar para no acabar mandando el mundo a la mierda.

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Hace poco leí que el estrés es el asesino del siglo XXI, y en estos últimos dieciséis años, ha matado más gente que el cólera. Me parece gravísimo que los seres humanos estemos muriendo por una enfermedad que nosotros mismos creamos: Godot ha venido a sacarnos el corazón, somos pigmaleones de nuestra propia perdición.

El estrés lo causan las angustias humanas: el tiempo, el tráfico, el éxito, la soledad, el dinero y ante esa urgencia los humanos no podemos hacer nada, no queremos, vaya, no tenemos el valor.

Así que, como una medida de sanación urgente frente a la epidemia del desencanto, deberíamos todos reír más, aunque sea dos horas en un foro o un bar o una cantina en donde se presente un comediante. Reír, en tiempos como éstos es un acto de resistencia… Y yo, como podrán ver, soy la más ñoña de los estandoperos porque para mí, reír y hacer reír es un asunto serio, quizá la OMS debería considerar crear un departamento de implementación de la risa. Háganlo ya, que nos urge dejar de morirnos de estrés.

Y cuando hablo de sanar a través de la risa no me refiero a un acto new age, sino al hecho ineludible de que la risa es un reflejo neurofísico que ayuda al cerebro a liberar tensión. Es como un masaje que alivia los nudos de angustia en donde radican todas nuestro miedo a no haberla “armado chido en esta vida”.

En mi caso es el stand up comedy, pero podría ser el teatro clásico, monólogos, cabaret, improvisación, comedia tradicional, sketch, cine… ¿qué más da? Creo que el punto no es decantar géneros, sino permitir que sea la risa la que nos salve a todos de todo. Lo que básicamente significa salvarnos de nosotros mismos.

En mi próxima colaboración a este sitio, les contaré los detalles de cómo fue que me metí en esto de hacer stand up comedy.

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Gloria Rodríguez
Written by Gloria Rodríguez

Con siete años de experiencia y más de 750 funciones, Gloria Rodríguez es considerada pionera del Stand up Comedy en México. Ha impulsado la comedia hecha por mujeres y creado los colectivos de comedia femenina más famosos de la escena: Push up Comedy y XXComedy. Imparte talleres de Stand up Comedy, cuenta con más de 300 alumnos graduados dentro de la República Mexicana, Colombia y Chicago. www.gloriadepie.com

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