Visiones de un mundo post-legalización de la mariguana

Afterpunk, Columnas

lucidez

No recuerdo la primera vez que me metí alguna sustancia considerada ilegal en mi cuerpo, pero recuerdo una vez que a mis quince años me partía de risa en mi cuarto: me había fumado la mitad de un churro.

De los momentos significativos que tengo presentes sobre el uso de drogas, sé que al final la mariguana terminó por aburrirme bien pronto. Aunque debo reconocer que me sirvió en ciertos momentos para hacer mis pininos como corrector de estilo, sí porque echarme un gallo me daba claridad para detectar errores ortotipográficos. Pero al cabo de un tiempo, con entrenamiento, la mota resultó un obstáculo: me adormecía.

gigante

Luego de meterme cualquier cantidad de cosas, concluí que la única sustancia que me llevaba más allá de la lucidez era la cocaína y me aficioné a las rayas. Aunque claro, otras aficiones siempre estuvieron por encima de ello, pero eso no viene a cuento. Lo que sí es pertinente contar es que en una temporada de pobreza (de la cual no creo haber escapado aún, cuando uno es pobre nunca se escapa de eso) tuve que decidirme entre la coca y la comida, y como comer es casi lo que más me importa, me decanté por el vicio del gastrónomo.

Hablo de la lucidez porque me gusta ese estado de máxima alerta, y las drogas siempre me han llevado a extraviarme un poco o un mucho quién sabe en qué territorios. El caso es que soy demasiado haragán como para perderme del mundo. O sea, soy un mal drogata, malo, malo, como para muchas cosas —de ser cuantificable, tendría el récord mundial de los perdedores—. Entonces heme aquí, sobrio desde hace años, salvo por alguna que otra borrachera. Escribiendo que por mí, pueden legalizar o no la mariguana, la verdad es que me importa una mierda. Escribiendo que en el mundo cada quien debería tener la libertad de matarse con lo que más le guste. Yo, por ejemplo, tengo la esperanza de morir de gula.

Find what you love, and let it kill you.

Esta serie de columnas se trata  de escribir sobre el futuro, por eso se llama AfterPunk, que de alguna manera quiere decir: después de la basura.

En el futuro supongo que lo que ahora es ilegal será legal y podremos comprarnos churros en las tiendas de abarrotes casi como compramos Coca Cola. Y la gente del futuro se preguntará qué mierdas nos pasaba por la cabeza a nosotros, los hombres de las cavernas, durante la prohibición. Eso es lo que tiene el futuro: su enorme capacidad desenfadada de juzgar el pasado. Seremos juzgados casi como nosotros y nuestro presente, inasible como cualquier presente, juzgamos a los hombres de anteriores siglos que se negaban el tabaco.

mariguanaproductos

En fin, la cosa es que a cualquiera de nosotros nos gustaría vivir en el futuro. Para ello, tenemos que estar preparados. No me pregunten cómo porque no lo sé. Lo que sí sé es que Javier Raya tiene razón: «Es necesario enviar refuerzos —personas libres, felices incluso— al futuro.» El día de mañana, las farmacéuticas, los grandes oligarcas, sucederán a los cárteles y nos venderán drogas en six pack y nos habrán ganado la batalla por la despenalización y legalización de las sustancias. Incluso en la legitimación de nuestros vicios terminaremos por perder.

 

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Khonde
Written by Khonde

Redactor y lingüista aficionado. Gusta del fernet-branca, la literatura y la buena comida. Actualmente escribe para Yaconic, La Jornada, Fang, Radio Zacatecas. Como investigador desarrolla un tema que ha dado por llamar Ingeniería de la escritura. Su signo zodiacal es leo, le gustan los zombies y escribirle cartas a Alicia.

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